martes, 7 de febrero de 2012

LLEGÓ CON TRES HERIDAS de Miguel Hernández.



Llegó con tres heridas,
la del amor, la dela muerte, la de la vida.

Con tres heridas viene,
la de la vida, la del amor, la de la muerte.

Con tres heridas yo,
la de la vida, la de la muerte, la del
amor.

CANCIÓN DE LA QUE NO QUERIA MENTIR de Gloria Fuertes




Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos
para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo
o evitar una guerra.

De pequeña mentía
con mentiras de azúcar.
Decía a las amigas:
-Tengo cuarto de baño.
Y mi casa era pobre
con el retrete fuera.
-Mi padre es ingeniero.
Y era sólo fumista.
Pero yo le veía ingeniero ingenioso.
Me costo la costumbre de arrancar
la mentira, me tejí este vestido
de verdad que me cubre.
A veces voy desnuda.
Desde entonces me quedo
sin hablar muchos días.

Gloria Fuertes

 Presencias Invisibles

domingo, 5 de febrero de 2012

EL DIA QUE ME MORI




El día que morí hacía frío. Yo lo sentía en mis huesos y en mis carnes, y me extrañaba saber que podía ser así teniendo en cuenta que estaba muerta. El día que morí, al sol se le olvidó salir, y fue el día mas oscuro jamás vivido, valga la paradoja. No me hago ilusiones pensando que fue por mi muerte, simplemente era un día nublado y seguramente el sol salió en muchas otras partes del mundo.

El día que morí, tenía puesta una vieja bata llena de bolas. Menuda faena, yo que en vida había cuidado siempre mi indumentaria hasta la exageración. Lo peor es que no podía quitarmela y cambiarme, y entonces supe que los muertos se ven a ellos mismos para siempre con la ropa que llevan al fallecer, como si los ropajes se murieran también junto a sus dueños.

El día que me morí recuerdo muchas cosas, pero una especialmente. La sonrisa que se dibujó en ti rostro y el gesto de alivio. Y que de tus labios salieron dos palabras: ¡por fin!.

Presencias Invisibles

martes, 31 de enero de 2012

EL HUESPED DE DRACULA (Bram Stoker)

 En la parte alta del túmulo, y atravesando aparentemente el mármol, pues la estructura estaba formada por unos pocos bloques macizos, se veía una gran vigueta o estaca de hierro.
Me dirigí hacia la parte de atrás y leí, esculpida con grandes letras cirílicas:
"Los muertos viajan de prisa"
Había algo tan extraño y fuera de lo usual en todo aquello que me hizo sentir mal y casi desfallecí. Por primera vez empecé a desear haber seguido el consejo de Johann. Y en aquel momento me invadió un pensamiento que, en medio de aquellas misteriosas circunstancias, me produjo un terrible estremecimiento: ¡era la noche de Walpurgis!
La noche de Walpurgis en la que, según las creencias de millones de personas, el diablo andaba suelto; en la que se abrían las tumbas y los muertos salían a pasear; en la que todas las cosas maléficas de la tierra, el mar y el aire celebraban su reunión. Y estaba en el preciso lugar que el cochero había rehuido. Aquél era el pueblo abandonado hacía siglos. Allí era donde se encontraba la suicida; ¡y en ese lugar me encontraba yo ahora solo..., sin ayuda, temblando de frío en medio de una nevada y con una fuerte tormenta formándose a mi alrededor! Fue necesaria toda mi filosofía, toda la religión que me habían enseñado, todo mi coraje, para no derrumbarme en un paroxismo de terror. 

Presencias Invisibles

martes, 24 de enero de 2012

BAJO EL ACEBUCHE


 

El viejo Pascual no se resignaba a jubilarse. Quería seguir cuidando sus tierras como siempre había hecho. Cierto que de noche sus huesos protestaban, pero el no les hacía caso. Así había pasado la vida y le había ido bien, dejando a los demás que dijeran, que murmuraran o criticaran lo que les diera la gana, mientras él iba a lo suyo. Aquella mañana decidió acercarse en torno al viejo acebuche, el que estaba junto al lindero del vecino. No había ido por allí en diez años, desde que desapareció la niña, su nieta María, y la Guardia Civil investigó a su colindante, al que habían visto hablar con la pequeña  más de una vez, y en una ocasión le había regalado caramelos. Nunca pudo demostrarse nada. El vecino siguió viviendo su vida y en prueba de buena fe, colaboró el primero en búsquedas durante meses por las tierras vecinas,  hasta que pasado el tiempo y agonizantes las esperanzas, la investigación se dió por finalizada.  La niña jamás apareció, ni viva ni muerta. El acebuche era el lugar preferido de María y allí había sido vista por última vez. Fue el primer sitio al que se dirigió el abuelo, y cavó en torno a él buscandola, pero no encontró más que piedras, raices y la madriguera de unos conejos. 
Llegado al pie del árbol, los recuerdos cabalgaron desbocados. El acebuche estaba rodeado de maleza hasta más de medio tronco. Pascual decidió que ya era tiempo de sanar heridas y empezó a cavar. Primero con suavidad, poco a poco, más a medida que iba avanzando en la tarea, una fuerza desconocida se apoderó de él y comenzó a golpear  con todas sus fuerzas, con el vigor que tenía cuando era joven y no tenía rival sobre los campos. Cuando se dió cuenta, vió que estaba cavando hacia abajo y que había abierto un profundo foso en uno de los lados del árbol, sin embargo no por ello cesó en su empeño sin sentido, sino que muy al contrario, lo retomó con más ahinco sin saber por qué lo estaba haciendo. De pronto, la  azada tropezó con algo, fragil y quebradizo. Quizá los huesos de un pequeño animal. Pascual dejó la herramienta con el corazón en la garganta, y con sus propias manos fue extrayendo la tierra con delicadeza. Lo sabía, siempre lo supo. La niña había vuelto al acebuche. Su verdugo, la había escondido, y pasado el peligro la había llevado al lugar donde nadie sospecharía. Una tela de cuadros azules podrida y arrugada envolvía un montón de huesos.  Una pequeña mano que se partió al cogerla. Lo que fue la cabeza de una niña en la que aún quedaban mechones de pelo oscuro. Unas fámelicas costillas. Y la pulserita de estrellas que regaló a María en su último cumpleaños.

Presencias Invisibles

lunes, 16 de enero de 2012

¡UN PLAN DE VIDA CAPAZ DE MANTENERSE DE ALGÚN MODO! Las cosas son así: en apariencia, todos somos capaces de vivir, porque en algún momento nos refugiamos en la huída, en la ceguera, en el entusiasmo, en el optimismo, en una creencia, en el pesimismo o en cualquier otra cosa.




No he tenido nunca ni el más mínimo plan de vida capaz de mantenerse de algún modo. Igual que a todo ser humano, me plantaron en el centro de un círculo del que había de partir recorriendo el radio adecuado, para trazar luego un hermoso círculo. Pero yo, en lugar de eso, me he dedicado permanentemente a inciar el recorrido del radio e interrumpirlo de inmediato una y otra vez... Del centro del círculo imaginario parten incontables radios, no queda espacio para un nuevo intento; la falta de espacio significa hacerse viejo, tener los nervios más débiles; y la falta de nuevos intentos significa el final. Cuando he recorrido el radio un poco más allá de lo habitual, como en el caso de la carrera de derecho o mis compromisos matrimoniales, todo ha empeorado en vez de mejorar, y tanto más cuanto más lejos he llegado.
-Franz Kafka-

Presencias Invisibles te acompañan en tus sueños

sábado, 14 de enero de 2012

...Sé que no se resiste a la vida, sino solo a esa manera de vivir. Franz Kafka.


Estoy leyendo un libro chino... trata solo de la muerte. Un hombre yace en el lecho de la muerte, y con la independencia que le da la cercanía del traspaso dice: "Me he pasado la vida empeñado en resistirme al placer y en dejar de vivir". Luego, un alumno se ríe de un maestro que siempre está hablando de la muerte: " No haces más que hablar de la muerte, pero no te mueres". "Pero me moriré. Solo estoy entonando mi canto final. El canto de unos es más largo, el de otros más corto. Pero la diferencia solo se aprecia en unas pocas palabras". Eso es verdad, y no es justo reírse del héroe de ópera que canta un aria mientras yace herido de muerte en el escenario. Todos nos pasamos años cantando en plena agonía.


Presencias Invisibles nos observan y se codean con nosotros.