sábado, 17 de septiembre de 2011

Ivanushka el Imbécil, sentado en cuclillas, rodeándose las rodillas con las manos, dirigía una mirada inmóvil hacia el pálido oriente y entonaba su eterna canción:




Se ha construido a mi medida
un ataúd de madera de pino.
En él yaceré
esperando el sonido de la trompeta.

Y cantaba al eterno occidente el final eterno:

Ataúdes, troncos de roble,
sois nuestro descanso eterno.
El día se acerca a la noche,
el hacha yace al pie del árbol,
llegan los últimos días.

-Dimitri Merezhkovski-

No hay comentarios:

Publicar un comentario